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FIT
XXII Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz |
Sociedad despiadada
La situación límite a que están sometidos sus protagonistas es el nexo en común en las dos obras de las compañías argentinas que acoge el Festival. Teatro Timbre 4 presenta La omisión de la familia Coleman basado en el texto del joven dramaturgo y actor Claudio Tolcachir quien también se ha encargado de dirigirla. Un elenco coral formado por Ellen Wolf, Miriam Odorico, Inda Lavalle, Lautaro Perotti, Tamara Kiper, Diego Faturos, Gonzalo Ruiz y Jorge Castaño dan vida a esta propuesta tragicómica con dosis de absurdo y tintes grotescos, en el que se vislumbra a una familia que vive al límite de la ruptura, situación que aunque resulta obvia lo llevan en el más absoluto secreto.
Sus miembros pertenecen a tres generaciones de una misma familia: la abuela, una madre que no quiere serlo y se comporta como hija, una hija que cumple el rol de matriarca e hijos que no son del mismo padre. Todos ellos conviven exiliados del resto del mundo bajo el mismo techo, y cada uno de ellos se construye su propio rincón en este asfixiante espacio compartido. La convivencia resulta especialmente insoportable y a pesar de la incomunicación y desasosiego, la vida continúa para adelante involucrados en una rutina diaria donde las actitudes y situaciones violentas se convierten en naturales y lo patético se ignora por compartido.
Amarga subsistencia
Desde Mar de Plata llega Sala 420, compañía fundada en 1988, para escenificar Bolero criollo una tragicomedia escrita y dirigida por Rubén Monreal que se perfila como una desgarradora metáfora sobre la condición humana.
En ella se recrea la historia de cuatro personas marginales con conductas muy diferentes que responden a los nombres de Bienaventurado, Enamorada, Glorioso y Estupenda interpretados por Carolina Katz, Alejandro Orduna, Adela Schwab y Fernando Pazos. Todos ellos comparten una necesidad básica que es la de conseguir que diariamente se puedan llevar algo de comida a la boca y para ello intentan producir una experiencia artística de lo más singular.
En la mitad de un descampado que se asemeja a un gran basural, esta peculiar troupe, que tomará el sobrenombre de ‘Ballets du Sur’ liderados de forma autoritaria y despiadada por uno de ellos que lo presentan como un líder típicamente argentino, ensayan insistentemente la versión criolla del ‘Bolero’ de Maurice Ravel, una coreografía monótona, sin gracia ni estilo que lo escenifican igual de desastrosa.
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