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III Festival Internacional de
las Artes de Castilla y León
de Salamanca
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Transgresión y divertimento islandés
Una electrizante producción que incluye acrobacias que ponen los pelos de punta, flores que son lanzadas como flechas desde el techo, ballets aéreos que muestran al personaje principal colgando boca abajo de un trapecio o bellas secuencias en las que los personajes nadan bajo el agua en acuarios gigantes y hacen el amor en sus aguas turbulentas, son algunos de los elementos que concitan la atención del espectáculo que acerca la compañía islandesa Vesturport Theatre que dirige Gísli Örn Gardarsson. El espectáculo que presentan en Salamanca es una adaptación de Woyzeck, una obra inacabada por la prematura muerte en 1837 de su autor, Georg Büchner, a los 23 años, que a pesar de ello tiene “sin duda, un único tono, peculiar, un tono difícil de capturar”, según el propio Gardarsson, que es miembro fundador de la compañía junto a Nína Dögg Filippusardóttar e Ingvar Sigurdsson.
Esta producción, que al igual que en ‘Romeo y Julieta’, la anterior creación de esta compañía que se constituyó en 2001 y que en la actualidad está radicada en Londres, persevera en las señas de identidad que desde sus orígenes incide en la creación de un teatro agradable y divertido de representar y de ver. Para presentar esta obra, de la que sólo se conservaban unas pocas páginas del texto original, Büchner se inspiró en un violento homicidio cometido en Leipzig en 1821 por un vagabundo llamado Johann Christian Woyzeck, que confesó haber apuñalado siete veces a su amante tras descubrir que se había prostituido con unos soldados.
Apto para ser juzgado
Este crimen y el posterior juicio, que originó un prolongado escándalo ya que existía la sospecha de que Woyzeck sufría un trastorno mental aunque el doctor que le examinó declaró que era apto para ser juzgado, finalizaron con una sentencia de muerte para el acusado, al que tras un examen posterior el propio médico dictaminó que sufría “alucinaciones paranoicas”. Woyzeck fue decapitado.
Esta historia, al parecer, tuvo reflejo en Brüchner, un estudiante de ciencias naturales en aquella época, que ya estaba impregnado por las ideas políticas y filosóficas de la Ilustración y concienciado por las injusticias sociales y la opresión institucional de los pobres que desvelaba la historia original. De hecho Woyzeck está considerada como la primera obra literaria en alemán cuyos personajes eran parte de la clase trabajadora, aunque el título que se dio a la obra es supuesto ya que no aparece en los manuscritos.
A partir del conjunto de escenas inacabadas y desordenadas que dejó Büchner a su muerte, que posteriormente fueron publicadas en 1897 en una antología de textos del autor y que no se llegó a representar hasta tres décadas más tarde, la compañía islandesa realiza esta curiosa adaptación que incluye las composiciones musicales de realizadas por Nick Cave y Warren Ellis, su colega en los Bad Seeds. En concreto, la escena en la que el protagonista cuelga de un trapecio, interpreta una tema muy al estilo de Cave, mientras se balancea sobre el público.
Fondo obsesionante
En este espectáculo en el que “más que descubrir la perfecta melodía en el texto, creemos haber encontrado una nota de fondo obsesionante: el engaño, los sueños perdidos, la codicia y la perversidad como trato entre los humanos...”, según destaca el propio Gardarsson, la compañía mantiene su pretensión de dar a cada proyecto su propia voz, estilo, tiempo y espacio, “sin forzar una representación en un espacio en el que la historia y los personajes no serán totalmente comprendidos”.
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