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Revista de las Artes Escénicas
Artez 121. mayo 2007
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    Libro Blanco de las Ferias de Artes Escénicas del Estado español

    Las ferias como marcos de generación de negocio para la industría escénica

     

    No cabe duda de que las ferias no son el único recurso para la compra-venta de productos escénicos, los profesionales acuden también a festivales y muestras de teatro, pero es uno de los principales instrumentos para conocer las tendencias del sector. Son un mercado que permite conocer, apalabrar contratos e incluso firmarlos, es decir, si el espectáculo gusta tendrá bolos firmados en la propia feria o en meses posteriores. Una feria de artes escénicas, hoy por hoy, es un espacio donde de forma destacada se presentan productos de mercado, por tanto, es obvio que la presencia de los agentes que intervienen en estas transacciones (compradores y vendedores), son claves para la creación de mercado. Así cuanta mayor y más variada sea la presencia de estos agentes en las ferias, mayores posibilidades de generar mercado habrá.

    Las ferias cumplen los objetivos para los que nacieron, dinamizan el sector ideológicamente y en la praxis. Los profesionales año tras año han mostrado su interés en acudir a las ferias, aumentando el número cada año, para que en una feria se den cita un número importante de estos agentes, es preciso que año tras año ésta sea atractiva y sea una herramienta útil en sus trabajos. Pero no sólo influye el programa artístico de la Feria, sino las facilidades que los profesionales tengan para acudir y realizar su trabajo, por tanto, para medir el éxito de las ferias el indicador clave es el interés que muestren los agentes por volver a la siguiente edición. Los profesionales que trabajan en la organización de las ferias cuentan con intuiciones, percepciones, e incluso algunos datos reales para afirmar que las ferias, como realidad única, son un marco de generación de mercado escénico, pero nunca se ha realizado un estudio empírico que confirme esta hipótesis de manera conjunta. Aunque se entiende que las ferias son plataformas claras de distribución, no se puede afirmar con datos, hipótesis como que las compañías que más exhiben es porque han tenido presencia en éstas o porque la propuesta es buena y por tanto se hubiera distribuido igualmente el producto.
    Impactos de los eventos culturales en su entorno y en la industria
    Los estudios de impacto económico, también conocidos como “método de los efectos”, tratan de estimar la importancia económica de las artes y analizar los flujos de actividades e ingresos vinculados a un determinado evento cultural, por tanto tratan de analizar los beneficios económicos vinculados a la existencia de una determinada manifestación cultural. Aunque su definición puede variar de unos casos a otros, el objetivo fundamental de los mismos es medir los efectos derivados de la presencia o existencia de una actividad u organización cultural sobre una determinada zona geográfica en un determinado período de tiempo.

    Se trata, en definitiva, de hacer aparecer los grandes flujos generados por la actividad cultural en el ámbito de la economía local y/o regional. El enfoque habitual de este tipo de estudios es estimar el tamaño de los flujos de gasto que origina el sector cultural y medir su impacto conjunto. Sin embargo, no siempre se limitan al volumen de ingresos, sino que se complementan muchas veces con el análisis del empleo creado o de las repercusiones fiscales generadas.
    Los estudios de impacto económico tienden a adoptar una metodología común, aunque existen algunas diferencias entre unas y otras aplicaciones en función de los flujos y de los agentes analizados. De esta manera se distinguen, generalmente, tres tipos de impactos o efectos que pueden medirse:

    1. Los efectos directos: se corresponden a los gastos realizados por la actividad o la institución analizada en diferentes conceptos (salarios, compras, alquileres, ejecución de programas, etc.) en el área geográfica de referencia y en un período de tiempo determinado.

    2. Los efectos indirectos: definidos como los gastos que realizan los visitantes o espectadores como consecuencia del producto (alojamiento, restauración, transporte, compras, entradas, etc.)

    3. Los efectos inducidos: entendiendo por los mismos todas aquellas repercusiones no contabilizadas en las categorías anteriores y que se difunden o amplían por el resto del sistema económico, dentro y fuera del espacio de referencia.

    La definición de esta última categoría varía de unos estudios a otros. Así, mientras algunos autores se centran en las repercusiones sobre la economía local, regional o estatal (casi todos estos estudios utilizan la metodología o enfoque del multiplicador regional, partiendo de las tablas input-output disponibles), otros se inclinan por aspectos más cualitativos, como el aumento del capital humano de la sociedad, la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos o la atracción de nuevas actividades y puestos de trabajo (siendo claro está, estos efectos mucho más difíciles de cuantificar).

    La aplicación explícita de la metodología de los estudios de impacto al caso de las ferias de artes escénicas requeriría de una serie de precisiones operativas para adaptarse a la peculiaridad de la suma de una serie de eventos culturales de estas características. La primera de ellas consiste en la necesidad de matizar entre los gastos asociados exclusivamente al desarrollo de la programación cultural, lo que se denominaría genéricamente como gasto cultural; de aquellos otros derivados del esfuerzo añadido en creación de nuevas infraestructuras culturales y equipamiento turístico, en caso de que los hubiese, lo que se suele denominar gasto dotacional.

    Un estudio orientado solamente a la estimación de efectos económicos de una feria puro, debería considerar en exclusiva la primera partida mencionada, compuesta, a su vez, por los gastos públicos en la generación de la oferta cultural (programación de la feria) y el gasto privado asociado al consumo cultural (visitantes y espectadores), todo ello suponiendo
    que las infraestructuras culturales están dadas. Sin embargo, si al hilo de estos eventos, por sus características, sobre todo desde hace unos años, llevara aparejado también un importante o relevante esfuerzo público en la restauración o creación de nuevas dotaciones culturales, así como de equipamiento turístico y de comercio por parte del sector privado, sería necesario tenerlo en cuenta en el estudio. Si esto fuera así, gasto cultural y gasto dotacional son dos partidas que ineludiblemente han de considerarse en el análisis de las repercusiones económicas de un acontecimiento como el caso de las ferias. Por esta razón, la distribución de gastos directos, indirectos e inducidos del modelo de impacto económico aplicado al conjunto de ferias debería de seguir un esquema adaptado y propio.

     

       
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